En un mundo que es muchas veces superficial y desinteresado en las cosas de Dios, la Palabra de Dios tiene el poder de convencer de pecado (Romanos 7:7). El Espíritu Santo trabaja a través del conocimiento de la ley para mostrarnos cuan injustos somos y que somos merecemos de la condenación.
Pero gloria a Dios, su Palabra hace mucho más que esto. Por su palabra también viene la salvación (Romanos 1:16). Recibimos sabiduría para la salvación a través de su Palabra (2 Timoteo. 3:15). “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). Si usted no tiene suficiente fe, usted puede obtenerla presentando atención a la Palabra predicada.
“Tu Palabra me ha dado vida” (Salmos 119: 50). La Palabra de Dios da nueva vida espiritual cuando es recibida. Ella produce un nuevo nacimiento del espíritu humano (1 Pedro 1: 23). La Palabra nos da esperanza (Romanos 15:4; Salmos 119: 49) tanto para esta vida como para la vida venidera.
La Palabra actúa para lavarnos y limpiarnos (Efesios 5:25). Jesús dijo, “Santifícalos con tu verdad. Tu Palabra es verdad” (Juan 17:17). Así que la Palabra puede producir en nosotros santidad. Nos da verdad. Y la verdad, si en realidad la conocemos, nos hará libres (Juan 8:31-32). A través de la Palabra nosotros podemos limpiar nuestro camino y mantener el pecado fuera de nuestras vidas (Salmos 119: 9, 11). Nosotros podemos tener victoria sobre Satanás a través de la Palabra, así como lo hizo Jesús (Mateo 4: 4, 7, 10, 11; 1 Juan 2:14).
Podemos hallar sabiduría en la Palabra cuando no sabemos que hacer. “El testimonio del Señor es seguro, haciendo sabio al simple” (Salmos 19: 7). En verdad que le podemos decir a Dios, “Tu Palabra es lámpara para mis pies, y luz para mi camino”. (Salmos 119: 105). Así que de este modo la Palabra sirve de guía.
Dios puede “fortalecernos de acuerdo a su Palabra” (Salmos 119: 28). Su Palabra nos da consuelo (Romanos 15:4).
La Palabra de Dios puede trabajar en nuestras vida emocional y espiritual para producir gozo y regocijo (Nehemías 8: 12; Salmos 119: 14; 1 Corintios 13: 6). Su propósito es producir en nosotros verdadero amor, por el cual vivamos (1 Timoteo 1: 5; Efesios 5: 2).
Pablo encomendó a los creyentes de Efesio a la palabra de gracia de Dios, “que es capaz de construir y darles una herencia entre aquellos que están santificados” (Hechos 20: 32). Así que la Palabra produce crecimiento espiritual.
Si necesitamos sanación física, nosotros debemos aplicar la Palabra y promesas de Dios. “Porque ellas son vida para aquellos que las encuentran, y salud para toda su carne” (Proverbios 4: 22). Nótese que ésta es para la carne, no solo para el alma. Muchas veces Dios envía su Palabra y nos sana (Salmos 107: 20) si necesitamos ser sanados.
Verdadera prosperidad y éxito vendrán a su vida si consistentemente medita en la Palabra, de noche y día, para hacer siempre lo que ésta ordena y de este modo le saldrá bien. (José 1: 8; Salmos 1: 1-3).
Si nuestras almas prosperan a través de la obediencia a la Palabra (3 Juan 2), entonces Dios quiere nuestros cuerpos saludables también y que todo nos vaya bien. En cuanto a las obras muertas de los hombres nosotros podemos mantenernos protegidos de los caminos de la destrucción por la Palabra de los labios de Dios (Salmos 17: 4). Esto quiere decir protección. Esta viene a aquellos que obedecen la Palabra y permanecen en la presencia de Dios (Salmos 91; Juan 15: 10).
Todo lo que es realmente importante para el hombre de Dios en su ministerio puede ser obtenido a través de la Palabra. La Palabra está dada, “para que los hombres de Dios estén completos, totalmente capacitado y preparado para hacer toda clase de bien” (2 Timoteo 3:17).
Cuando la Palabra de Dios es diseminada en suficientes corazones, y puesta cuidadosamente en practica en al menos unos cuantos, la Palabra traerá reavivamiento y despertar espiritual (Hechos 19: 20; Salmos 119: 25; Nehemías 9: 3). El valor de un verdadero reavivamiento espiritual de Dios va más allá de lo que humanamente podamos calcular. Esto es porque la salvación de siquiera un alma es más valiosa ante Dios que cualquiera de las cosas materiales.
QUE DEBEMOS HACER CON LA BIBLIA – LA PALABRA DE DIOS
La cosa más importante que podemos hacer con la Palabra es darle toda nuestra atención de corazón. “Mi hijo, ponle atención a mis palabras, inclina tu oído a lo que he dicho. No las dejes escapar de tu vista, guárdalas en medio de tu corazón” (Proverbios 4: 20, 21). Sólo de esta manera podremos experimentar personalmente todos los beneficios descritos anteriormente. Si mantenemos nuestros ojos en la Palabra ésta sacará toda duda de nuestras mentes.
Debemos guardar las palabras de Dios, y atesorarlas en nosotros. “Mi hijo, guarda mis palabras, y atesora mis mandamientos en ti” (Proverbios 7: 1). Atesorar las Palabras de Dios quiere decir complacerse al meditar en ellas (Salmos 1: 1-3), sabiendo que la Palabra de Dios en su corazón producirá grandes riquezas espirituales.
La Palabra de Dios debe estar combinada con fe (Hebreos 4: 2) o sino no nos hará mucho bien. “La Fe viene por el oír la Palabra de Dios” (Romanos 10: 17), no por “haberla oído”. Por lo tanto para construir nuestra Fe debemos declarar bastante la Palabra con nuestros labios (Josué 1: 8), de modo que la escuchemos y penetre en nosotros. Escuchar la Palabra predicada en la iglesia o grabada puede ayudar mucho a construir nuestra Fe, especialmente cuando el predicador está lleno de Fe y del Espíritu Santo.
Sin embargo, si podemos leer, debemos leer y estudiar las Escrituras también por nuestra propia cuenta. Estudia y se diligente “para presentarte aprobado ante Dios, un trabajador que no necesita ser avergonzado, que enseña debidamente el mensaje de la verdad (2 Timoteo 2: 15). La Escritura debe ser leída y enseñada en la iglesia. “Mientras llego, dedícate a leer en público las escrituras, a animar a los hermanos e instruirlos”. (1 Timoteo. 4: 13).
Ayuda enormemente el memorizar la Palabra de Dios, tanto para nuestra propia meditación como para el futuro cuando se la comuniquemos a otros. Debemos dejar que nos consuma (1 Juan 2: 14) como un fuego (Jeremías 23: 29).
Aun más importante, debemos obedecerla. La verdadera Fe lleva a la obediencia (Romanos 1: 5). “Benditos aquellos que escuchan la palabra de Dios y la obedecen” dijo Jesús (Lucas 11: 28). “Pero sean hacedores de la palabra, no solamente oyentes, engañándose a ustedes mismos” (Santiago 1: 22). Nos engañamos a nosotros mismos si creemos que escuchar la Palabra es suficiente. Nosotros debemos ponerla en práctica. De otro modo nuestra fe está muerta.
Una vez hayamos comenzado a obedecer la Palabra como discípulos de Cristo, debemos predicarla a otros (2 Timoteo 4:2) para que ellos también sean salvos, y enseñársela a otros en una manera practica. Jesús dijo, “Enséñenles a obedecer todo lo que les he ordenado” (Mateo 28: 20).
UNA NOTA FINAL
Estas instrucciones aplican para todos aquellos que han nacido nuevamente por el Espíritu Santo. Las siguientes lecciones explican algunas cosas básicas sobre lo que ensena la palabra de Dios y sobre su salvación. Si a Ud. le gustaría nacer de nuevo, lea la oración “Las buenas nuevas” y órela. Entonces la Palabra de Dios se avivara en Ud., y tendrá nuevo poder y deseo de aplicar estas cosas en su vida.
Buenos versos para memorizar y meditar
Toda la Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar y reprender, para corregir y educar en una vida de rectitud, para que el hombre de Dios esté capacitado y completamente preparado para hacer toda clase de bien. (2 Timoteo. 3: 16-17).
Repite siempre lo que dice el libro de la ley de Dios, y meita en él de día y de noche, para que hagas siempre lo que éste ordena. Así todo lo que hagas te saldrá bien. (Josué 1:
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